El viejo de la Montaña cerró todas las contraventanas y aseguró las diferentes puertas de la casa dispuesto a aislarse de la tormenta que se avecinaba. Había estado en el pueblo el último día de mercado y tenía provisiones suficientes como para pasar al menos un mes resguardado en la casa. El perro vacilaba entre la inquietud de la tormenta y la seguridad de estar a resguardo pero en seguida se percató de que todo iba bien cuando apreció que el eremita se dirigía a la estancia principal, la biblioteca, tras haber revisado la casa y encendido la chimenea del dormitorio.
Entrar en la sala principal por la pequeña habitación de paso resultó estimulante. Los estantes repletos de volúmenes, la mesa y el rincón de lectura cómodamente organizado frente al hogar de la chimenea principal a la derecha contrastaban con la semiobscuridad en que quedó sumido el resto de la casa. El hombre, precedido por el animal, estiró algo su cuerpo antes de sentarse en la butaca principal, ante el hogar, lugar en el que se instalaría durante el resto de la desapacible tarde para refugiarse en la lectura del libro en que estaba ocupado.
Las llamas del hogar se vencían ante repentinas resacas de viento que entraban desde la chimenea. El crepitar del fuego marcaba el ritmo de la tarde. El animal se acurrucó como solía hacer entre el hombre y el hogar. De este modo retomó la lectura de la vida de Albert Einstein.
Había conseguido el libro hacía poco. No estaba dando una dirección clara a sus lecturas desde hacía un tiempo y ahora que leía esta biografía recordaba con entusiasmo sus días de juventud cuando estudiaba física, química, matemáticas y biología como base para lo que sería su formación universitaria. Eran otros tiempos. Al final se acabó decidiendo por estudiar Historia pero jamás se arrepintió de haber estudiado materias en apariencia tan dispares. A fin de cuentas uno tenía que saber un poco de todo para ser capaz de desarrollar adecuadamente el intelecto. La física en particular siempre le había entusiasmado aunque también sabía que no hubiese resultado un estudiante prometedor de haber continuado por ese camino.
Pronto quedaba claro que esta biografía no era lo mejor que había caído en sus manos desde hacía tiempo. Sin embargo estaba ayudándole a refrescar su interés por la física. Recordaba un libro en varios volúmenes traducido al español. El autor: Richard Feynman. La gran virtud de aquel libro era que explicaba la física como si fuese un manual al uso pero lo hacía casi sin utilizar no ya fórmulas matemáticas sino incluso figuras o esquemas explicativos.
Aquello era estimulante y se propuso consultar Internet para saber más sobre el libro y su autor.
Friday, 6 July 2007
una tarde tranquila
Posted by The Wanderer at 12:20 0 comments
Labels: La casa
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